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Archivos Mensuales: junio 2011

Lucie I

Con un revoloteo, el pájaro logró zafarse de sus perseguidores, al mismo tiempo que una piedrecilla rebotaba contra varias amontonadas y quedaba inerte, esperando su premio. Los chavales del campamento de refugiados habían dejado de jugar por un momento: la niña que pasaba junto a ellos siempre robaba su atención. Esta vez, al verla acompañada de alguien a quien no conocían, no se atrevieron a llevarle ningún regalo.

Se trataba de Bojan, un muchacho un poco mayor que ella, y que parecía intimidado delante de tanta gente en silencio repentino. Lucie ya estaba en la linde del bosque cuando éste de un par de zancadas, salió de su ensimismamiento y la alcanzó.

–¿Por qué se han quedado todos callados? –susurró frunciendo el ceño.
Lucie le miró con una sonrisa y Bojan notó que las rodillas le temblaban; le parecía la primera vez que veía tan de cerca aquellos ojos semitransparentes del color del agua fresca.
–Si quieres te cuento la historia, pero tienes que prometerme que no harás como ellos cuando la sepas.
Su carita se mostraba ahora seria, con esa seriedad tan digna que esgrimen los niños pequeños. Su mano exigió un pacto antes de invitarle a sentarse, y Bojan aceptó intrigado.

–Nací la noche de San Juan. ¿Sabes lo que se hace en la noche de San Juan?
El niño apenas si entendía francés pues su familia había llegado hacía pocas semanas desde el este de Europa, buscando cobijo en París. Bojan negó con la cabeza mientras hurgaba con un palo entre las hierbas, intentando distraer su atención de aquel cabello largo y dorado donde los rayos de sol tejían su tela.
–La gente celebra una fiesta muy antigua, una fiesta de nuestros antepasados–, pronunció ella con cuidado pues no estaba muy segura de que esa fuera la palabra. En todo caso, su compañero pareció impresionado–. En ella se queman cosas y el fuego sube hasta el cielo en grandes hogueras que dan luz como si fuese de día.
–Me gustaría verlo.
–Si tus padres se quedan hasta el verano, lo verás.
–¿Y qué pasó cuando naciste?
El chico era inteligente y sabía seguir el hilo, así que Lucie sonrió satisfecha.
–Hubo un gran incendio. El fuego quemó parte del campamento, y llegó hasta donde vivían mis padres. Murieron, por eso vivo con Ama.
–¿Y dónde estabas tú? –preguntó él desconcertado.
–Con ellos, claro. Todo se quemó, pero a mí no me pasó nada. Me encontraron a la mañana siguiente entre las cenizas.
Bojan dio un respingo y sus ojos se agrandaron.
–En mi tierra –respondió en voz baja– se dice que la gente como tú sabe hacer magia. Si sobrevivieron a un incendio, tienen el poder del fuego, si se salvaron de ahogarse, tienen el poder del agua…
La niña le miró fijamente sin decir nada durante un momento.
–Aquí dicen que soy un ángel, pero me gusta más eso de la magia. Ven, te voy a enseñar una cosa.
Los dos niños caminaron a hurtadillas hasta la tienda de la vieja Amavarati, la curandera ciega. Era esencial no hacer ruido para que no supiese que había alguien más allí aparte de su protegida. Lucie entonces, señaló en la penumbra:
In presentia luci, tenebrae extinguunt…*

Con un chisporroteo, una llama nació abrazando la mecha de las cansadas velas.

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* Vires.

 
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Publicado por en 28 junio, 2011 en Mis Personajes

 

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Kitsune

―Cinco llamadas perdidas tuyas, ¿qué coño quieres?

Intentar hablar por el móvil en una discoteca llena hasta la bandera es como comunicarse bajo el agua: totalmente inútil. Kitsune cruzó las piernas y pasó el dedo por el borde de la copa, negándose a mover su culo un centímetro del asiento contra la barra. “Que se joda, es mi noche libre”.

―… dice que… … ¿dónde… ?

La sala estaba llena de gargantas apetecibles que latían al ritmo de la música. Los bares de vampiros no podían mejorar aquel ambiente de descontrol y furia de vivir que se podía beber bien caliente. Pero su Sire era capaz de enfriarle la diversión y darle una paliza de regalo.

―¿No lo oyes? Pues eso, lo que sea tendrá que esperar a mañana.

―… … vamos… … … redada… …

―¡Que le jodan a la redada! ¡no contéis conmigo!

Y colgó. Había visto a un occidental entrar en el bar y le gustaban los cócteles exóticos.

* * *

―Baja, menuda, pelo negro y muy pija.

―Si todas las japonesas son iguales.

―Como la cagues ahí dentro te van a cortar los cojones. Nosotros esperamos aquí por si sale.

El tipo se ajustó el traje y ensayó su mejor sonrisa mientras bajaba las escaleras del antro.

Un ruido sordo y distorsionado le acompañó en el descenso hasta que abrió la puerta y recibió una bofetada de calor y testosterona.  Solo varias líneas de luz delimitaban las esquinas, el techo y el suelo, todo el resto del espacio se perdía en la oscuridad abarrotada de brazos y cuerpos retorciéndose. No obstante sabía que llamaba la atención lo suficiente.

Se abrió paso hasta la plataforma de la barra desde donde tendría una mejor visión del panorama. No necesitó llegar para localizar a su objetivo.

El vestido brillaba en tonos escarlata agarrándose provocativamente a todas las miradas, la piel de porcelana le daba un aspecto frágil y suave, los labios rojos como la sangre se curvaban en una mueca juguetona mientras sus pupilas contenían un brillo perverso. ¿Realmente era tan peligrosa? Con esos zapatos de tacón y el mini bolso en una mano parecía poder presentar la misma resistencia que una gata de peluche.

―¡Ey, tú, James!

Le estaba señalando con una uña increíblemente larga. Su aura empezó a derretir a todo el mundo alrededor, deformado en comparación con la nitidez de su figura.

―¿Eh?

De pronto se notó la mente embotada.

―No sé, ¿no os llamáis todos así en vuestro país?

* * *

Kitsune esbozó una sonrisa. Depredar se estaba volviendo cada vez más fácil últimamente.

―Sígueme.

Y ni corta ni perezosa se metió en el baño de hombres a ver si con suerte encadenaba cena y postre; pero allí no había nadie y el tipo se había quedado parado en la puerta.

―¿Me vas a follar o es que sólo sabes pajearte?

Y le atrajo hacia sí notando al instante algo duro contra su esternón. Algo iba mal, lo que era duro solía estar entre las piernas, no tan arriba. Miró hacia abajo y vio una pistola con el dedo en el gatillo. 1, 2, 3 segundos después… y seguía todo igual.

―¿Por qué mierdas no disparas?

Le agarró las manos y se pegó el tiro que llevaba su nombre. Después le lanzó una sonrisa salvaje.

―Ahora te toca a ti, gilipollas.

Su sangre se encendió en las venas transformando músculos en acero. De un puñetazo le destrozó la mandíbula. Cuando cayó al suelo, el tacón de aguja le reventó un ojo atravesándole el cráneo.

* * *

―Está tardando mucho ―gruñó uno mirándose la muñeca.

―Siempre he dicho que es un flojo.

―Lo era, pero vosotros tenéis la misma pinta.

El grupo se volvió hacia la que había hablado. Todos le sacaban dos cabezas, por lo menos, y todos presentaron su colección de acompañantes metálicas.

Kitsune lo vio todo a cámara lenta mientras les esquivaba y estrangulaba a uno por detrás. La Potencia le daba el placer de escuchar cómo le crujía la columna vertebral hasta astillarse. Lo que no se esperaba es que uno de ellos usase el mismo truco, precisamente el que llevaba un cuchillo de dos palmos.

―Lástima que vaya a afearte un poquito…

Y le hundió la hoja abriéndola de arriba abajo.

* * *

El cuerpo estaba tendido en el sofá con el vestido abierto ofreciendo lánguidamente a su dueña, pero lo único que recibió fue una patada.

―¿Por qué mis chiquillos son unos putos suicidas?

―Son Brujahrespondió irónicamente el otro― sabía que no te haría ni caso así que fui a salvarle el culo, pero no lo haré otra vez, tienes que mandarla fuera de aquí o acabará muerta, y por mucho que me vayas a decir que estaría mejor muerta…

―No, tienes razón.

―¿A Alemania entonces?

―Por mí como si se va a tomar por culo.

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“Five missed calls from you, what the HELL do you want?”

Trying to talk on the phone in a nightclub filled to the brim is like trying to communicate under water: completely useless. Kitsune crossed her legs and ran her finger along the edge of the glass, refusing to move her ass even one inch from the seat against the bar. “Fuck him, it’s my night off.”

“… Says that …… where…?”

The room was full of appetizing throats pulsing to the beat of the music. The vampire bars could not improve the atmosphere of chaos and fury of life that it’s drank hot. But his Sire was very capable of chilling all the fun and awarding her with an extra beating.

“Can you hear it? So, whatever it is will have to wait until tomorrow.”

“…… We ……… raid ……”

“Fuck your fucking raid! Do not count me in!”

And she hung up. A Westerner had just entered the bar and she had a thing for exotic cocktails.

* * *

“Short, thin, with black hair and very posh.”

“Aren’t all Japanese like that?”

“Look, if you screw it up in there they will cut off your balls. We will wait out here in case she tries to run away.”

The guy adjusted his suit and tested his best smile as he went down the stairs of the dive.

A distorted thud accompanied him on the descent until he opened the door and received a slap from heat and testosterone. Only several light lines delineated the corners, ceiling and floor, the rest of the space was lost in the dark, packed with arms and writhing bodies. But even then, he knew the bait was set.

He made his way to the platform where the bar would allow him to have a better view of the place. He didn’t need to reach it to identify who he was looking for.

The dress shone provocatively, clinging on to all eyes with a deep scarlet tone; her porcelain skin made her look weak and soft, the bloody red lips curved in a playful grin as her eyes contained a wicked gleam. Was her really so dangerous? With those heels and mini bag in one hand she seemed to have the same strength as a stuffed cat.

“Hey, you, James!”

She was pointing at him with an incredibly long fingernail. Her aura began to melt everyone around, and they looked deformed compared to the sharpness of her figure.

“Huh?”

He felt his mind suddenly dull.

“I don’t know, aren’t you all called the same in your country?”

* * *

Kitsune smiled. Preying was becoming increasingly easy lately.

“Follow me.”

And without any glimpse of shame she dragged him into the men’s toilets to see if she was lucky enough to get dinner and dessert at the same time; but no one was there and the guy had remained at the doorstep.

“Are you going to fuck me or you just know how to jerk off?”

The moment she pulled him towards her, she noticed something hard against her sternum. There was something wrong, that used to be in between their legs, not so far up. She looked down and saw a gun and his finger on the trigger. 1, 2, 3 seconds later… and still all the same.

“Why don’t you shoot, piece of shit?”

She grabbed his hands and pulled the trigger, receiving the bullet that was carrying her name. Then she raised a wild smile.

“Now it’s your turn, asshole.”

Her blood set fire in her veins making her muscles strong as steel. With a punch she shattered his jaw. When he fell to the floor, her high heel blew one of his eyes and pierced his skull.

* * *

“It is taking long” one of them grunted looking at his watch.

“I always said he is a dumbass.”

“He was, but you guys seem alike.”

The group turned around to see who had spoken. They were all two feet taller than her, and they all presented their collection of metallic companions.

Kitsune saw everything in a slow motion while dodging and strangling one from behind. Potency gave her the pleasure of hearing how his spine crunched until splinter. What was not expected was that one of them would use her same trick, precisely carrying a knife with a blade the size of both of her hands.

“Too bad I’ll make you ugly…”

And he plunged the blade opening her from top to bottom.

* * *

The body was lying on the sofa with her dress opened languidly as if offering her owner, but all she got was a kick.

“Why is my progeny so fucking suicidal?”

“They are Brujah,” ironically replied the other one, “I knew she would not listen so I went to save her ass, but I will not do it again, you have to send her out of here or she will end up dead, and as much as I go on to say she’d be better off dead…”

“No, you’re right.”

“To Germany, then?”

“She can go get lost for all I care.”

 
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Publicado por en 25 junio, 2011 en Mis Personajes

 

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Vulcano

Sin palabras comenzó nuestro primer diálogo. Él callaba, yo respetaba su silencio; absorto en la eternidad no me miraba pero yo no podía quitar mis ojos de su figura.
He visto muchas montañas pero ninguna emana tanta oscuridad como un volcán. Lo ves y sabes que no es otra cima cualquiera: Agrietada, torturada durante milenios, una herida abierta al cielo y que nunca consigue cicatrizar. En su interior Vulcano moldea las entrañas de Gea, pero al contacto con la humanidad la lava se vuelve fría e insensible pues su amo y señor es otro.

Pompeya es un modelo estéril, las faldas de la bestia han vuelto a recubrise tozudamente, conquistadas por la electricidad y la falta de memoria. Son polillas fascinadas por el fuego: sus habitantes vienen una y otra vez como la marea, a morir en su orilla.
Y qué demonios, yo también lo haría.

 
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Publicado por en 10 junio, 2011 en Reflexiones

 

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Cuervo Blanco

Los cuervos habían sido la obsesión de su vida: poseía cientos y los dejaba anidar en la torre más alta del castillo; incluso guardaba en una delicada jaula de plata un cuervo de plumaje extrañamente blanco. Decía que sólo aquel que fuese simple de espíritu podría conformarse con pensar que se trataba de meros animales, pero cuando le preguntaba qué eran, callaba y me observaba con una mirada que separaba su pensamiento y el mío un mundo entero de distancia.
Los demás le tomaban por loco, yo no quería sumarme a las burlas. Ambos conocíamos a nobles con aficiones mucho más reprobables; pero ellos las mantenían en secreto y por eso se consideraban moralmente superiores.

El que más me gustaba de sus peculiares amigos era precisamente aquel cuervo blanco de mirada inteligente y serena. Cuando iba a verle, la líquida melancolía de sus ojos parecía calmarse y venía a tomarme un dedo con el pico. Era su forma de agradecerme las atenciones recibidas.
Entristecido ante la suerte del pobre animal, discutí con mi amigo para que lo liberase. Nunca se había enfadado así: me gritó y quién sabe qué habría podido hacer espada en mano. Aquella noche me fui jurándome no volver a verle hasta que no entrase en razón: realmente pensé que se había vuelto loco.

Cuál fue mi sorpresa cuando a la mañana siguiente me desperté escuchando ruidos en la ventana, y al asomarme me encontré un cuervo con una nota. Rezaba así:
“Siento lo que pasó ayer. Ven esta noche y tendrás lo que me pediste”.
Era una extraña forma de recapacitar, pero me alegré de que hubiese entrado en razón.
-Gracias amigo, ya puedes marcharte.
El cuervo salió volando al instante y esperé todo el día para seguir su camino. Por fin, al atardecer, ensillé el caballo y marché hasta su castillo. Me estaba esperando en la puerta con un brillo febril en sus ojos.
-Ven conmigo, tus preguntas quedarán respondidas pronto.
Subimos las escaleras que conducían a la torre hasta llegar al punto más alto, donde estaba la jaula con el hermoso cuervo blanco.
-Ábrela y ponle este medallón. Después libéralo.
No quise contestar a su locura y cogí una cadenilla con una efigie grabada en el óvalo de plata. Se la colgué al pájaro antes de lanzarlo al aire. Sus alas batieron varias veces intentando tomar altura pero su tamaño creció. Las alas fueron sustituidas por níveos brazos, su pico por unos labios abiertos en un mudo grito, los ojos azules de una mujer fueron lo último que vi antes de que se precipitase al río.

Sólo pude amarla los segundos que duró su caída y no he podido amar a ninguna otra mujer desde entonces. Maté a mi amigo y liberé a sus cuervos antes de marchar por propia voluntad a la Guardia de la Noche, donde serviré hasta mi muerte. Conmigo guardo el medallón que lleva su retrato grabado, el único recuerdo blanco dentro de este mundo negro.

 
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Publicado por en 2 junio, 2011 en Relato

 

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