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Archivo de la categoría: Reflexiones

Interludio III: Simulacro

 

El agua miró hacia arriba. Buscó sus labios tan humanos, sus ojos, tan vivos; sus palabras tan reales y tan hirientes que blandamente la rozaban con su aliento. Sus lágrimas la alancearon con cada gota que se clavaba en su superficie, especialmente inquinas porque sabían a felicidad.
No era ese tipo de felicidad ideal, sin límites. Era una felicidad profundamente humana, como toda ella. Esa que, aun confesándose desdichada, la hacía parecer más viva de lo que un reflejo cristalino podría ser nunca. Esa que puede ser herida, que puede ser tocada, que puede amar y ser amada. Una chiquilla a corazón descubierto y a lágrima viva, que desintegraba cada molécula perfecta de agua hasta convertirla en una sombra. Un simulacro.

¿No debería ser el agua lo más puro y el ser humano lo más sucio? Solo la genialidad sabe juntar un millón de colores de forma que creen una obra maestra y no un estúpido intento de expresionismo abstracto. Pero a veces, ocurre.
Entonces de nada sirve la obra, solo la mano que perecedera, ha dejado la impronta en el lienzo. Una impronta, o un reflejo.

Ese Reflejo tan hermoso y tan vacío del Yo creado a través de unas pinceladas de agua por las que la luz pasa sin detenerse.

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The water looked up. It searched for her lips, so human, her eyes, so vivid; her words, so real and so hurtful, brushing it mildly with her breath. Her tears speared it with every drop that fell upon its surface, especially wicked because they tasted like happiness.
It wasn’t that kind of ideal happiness without limits. It was a profoundly human happiness, like the rest of her. The one that, even confessing to be sad, made ​​her appear more alive than a crystalline reflection could ever be. The one that can be hurt, that can be touched, that can love and be loved.
She was a little girl, with her heart open and her eyes weeping, but she was dissintegrating each perfect molecule of water until it turned into a shadow. A simulacrum.

Shouldn’t be the water the most pure of things and the humans just dirt in comparison? Only genius can pour together a million colours to create a masterpiece and not a stupid attempt of abstract expressionism. But sometimes, it happens. And then the work means nothing compared to the hand that left the mark behind. A mark… or a reflection.

That Reflection so beautiful and so empty of the Ego created with a few touches of water, through which the light passes without stopping.

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Publicado por en 17 junio, 2012 en Reflexiones

 

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Experimento

Estás en casa y cierras los ojos. Sientes entonces la imperiosa necesidad de tumbarte, sentarte, o hacer algo que no implique romperte la crisma contra alguna esquina. Así en la cama degustas con satisfacción tu idea los primeros momentos, pero solo los primeros. Te empiezas a aburrir y los minutos se estiran como un gato perezoso pero de forma mucho más irritante.
Te parece interesante cualquier sonido que te rodee. Llega a tus oídos la airada discusión de los vecinos desde el patio, y el ronroneo del ordenador en la habitación de al lado. Estás realmente aburrido, y pretendes quedarte dormido para solucionarlo, pero es jodidamente difícil. No tienes una pizca de sueño, ni siquiera puedes mirar al techo, y en general prefieres pensar con los ojos abiertos aunque sea en la oscuridad.
Un ruido te sobresalta, ha llegado alguien a tu casa, pero no quieres romper el experimento, así que te haces el dormido. Esperas, y escuchas cómo evidentemente por las horas que son, se acerca a tu puerta y se asoma sin demasiadas precauciones. Pero entonces te ve ahí, tirado en la cama y en posición fetal, y te puedes imaginar su cara de “ups, vaya” mientras retrocede poniendo cuidado pero igual de silencioso que un elefante en una cacharrería. Al menos, cierra la puerta, y te deja a lo tuyo durante un buen rato, hasta que te cansas.

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Sales a la calle. Odias vivir en una gran ciudad y tener que aguantar tanta humanidad concentrada en el metro. El problema no es la gran ciudad, es la gente. Aquella de allí se pone a maquillarse pervirtiendo la propia esencia de la intimidad, suya y de los demás, que tienen que aguantarla. Todos miran al infinito como si intentasen ignorar que hay veinte personas a su alrededor, pero en realidad todo el mundo echa miraditas de reojo cuando alguien se sale de la norma o se comporta de forma extraña, así que en el fondo no te están ignorando, están a la espera de algo morboso.
No aguantas más y decides ponerte el mp3, aunque es cierto que odias a la gente que lo lleva puesto como si la realidad no fuese lo bastante buena, que no lo es, pero tú estás en ella. Claro que tú haces lo mismo, y de hecho empiezas a sentirte mucho mejor a partir de los primeros acordes. Mucho, mucho mejor.
Te olvidas de ellos y ellas, te pones a pensar en tus cosas. Sales del metro, como diría aquel, creyéndote en un videoclip, y subes las escaleras con un contoneo de caderas que te parece soberbio. La imaginación vuela, lejos del ruido de los coches, de las conversaciones estridentes, del ultimatum del semáforo. Estás allí pero no estás, y por eso logras empezar el día con buen pie.

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Al final siempre se dice que la vista es el sentido más completo, pero el oído es quien decide si conectarnos o no a la realidad, y si nos deja que nuestra imaginación eche a volar.

 
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Publicado por en 15 septiembre, 2011 en Reflexiones

 

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Interludio II: Pluie

 

En su cabeza, gotas de música resbalaban y limpiaban de suciedad sus pensamientos, mientras allí fuera, las notas del piano repiqueteaban contra el cristal.
El calor había huido hacia tiempos mejores y ningún recuerdo se personó a la cita. Podía bailar tranquila con su reflejo sin moverse de las sábanas, porque su pequeño guardián peludo vigilaría desde algún lugar de la casa.

Aprovechó entonces para escalar la distancia hacia otros mundos; quería abandonar el suyo, de puntillas, esperando que nadie notase la ausencia. Llamó a las puertas de Fantasía y de la Arcadia; deseó tanto que existieran… pero nadie respondió y la puerta permaneció cerrada.

Los fotogramas de sueños que no iba a poder recordar aceleraron el ritmo de sus pestañas durante horas o minutos; daba igual, pues el único testigo del tiempo era un reloj mentiroso y el sol en el exilio. Y es que cuando se levantó, las nubes habían bajado la persiana dando otro sentido al término Amanecer.

Zumo de naranja, un periódico arrugado, pies descalzos, una taza de té, un ordenador protestando por las horas extra. En este ocaso de la civilización, cualquier cosa recordaba más al amanecer que un sol naciente.

Y consciente de que era en sí misma una contradicción, se dispuso a construir un mundo que le diese cobijo, a partir de los fragmentos de sus sueños.

 
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Publicado por en 8 julio, 2011 en Reflexiones

 

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Interludio

 

Se dio un golpe sonoro con la palma de la mano en la frente. Aquella frase garabateada en el papel la estaba volviendo loca. Carpe diem, aprovecha el momento… la había oído en un extracto en Youtube del Club de los poetas muertos, una peli que ni siquiera le parecía buena, pero había revivido en ella la angustia vital contraria al mandamiento latino.

Era curioso, cómo cuanto más aprendía de la vida más imposible le parecía acatar esa supuesta sabiduría. Entonces, ¿es que la frase estaba dirigida a necios que disfrutan sin preocuparse? ¿O es que pese a todo en lo que creía que se había convertido, todavía le faltaba aprender a vivir?

Con rabia cogió la goma y borró sus palabras de lápiz. Poco a poco empezaba a entender: es de estas cosas que algunas personas hacen naturalmente, afortunadas ellas, y las demás no las entienden hasta que es demasiado tarde. Entonces sólo pueden darse la vuelta para advertir a los que aún están de camino, que convenientemente lo ignorarán. Ley de vida.

Lo que es más frustrante de todo este asunto  es llegar al punto en el que aprendes que hay cosas que no puedes aprender, aunque las entiendas.

 
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Publicado por en 2 julio, 2011 en Reflexiones

 

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Vulcano

Sin palabras comenzó nuestro primer diálogo. Él callaba, yo respetaba su silencio; absorto en la eternidad no me miraba pero yo no podía quitar mis ojos de su figura.
He visto muchas montañas pero ninguna emana tanta oscuridad como un volcán. Lo ves y sabes que no es otra cima cualquiera: Agrietada, torturada durante milenios, una herida abierta al cielo y que nunca consigue cicatrizar. En su interior Vulcano moldea las entrañas de Gea, pero al contacto con la humanidad la lava se vuelve fría e insensible pues su amo y señor es otro.

Pompeya es un modelo estéril, las faldas de la bestia han vuelto a recubrise tozudamente, conquistadas por la electricidad y la falta de memoria. Son polillas fascinadas por el fuego: sus habitantes vienen una y otra vez como la marea, a morir en su orilla.
Y qué demonios, yo también lo haría.

 
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Publicado por en 10 junio, 2011 en Reflexiones

 

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Amarillo

Cuando empecé este blog lo quise inaugurar con una serie temática sobre colores. Me inspiré pensando en azul, rojo, verde, incluso en gris; pero cuando intenté ponerme con el amarillo para acabar el conjunto, me quedé totalmente bloqueada y dejé de publicar entradas por cabezonería: o encontraba una inspiración para ese color o no pasaba página. Estuve pensando en sol, en luz, en felicidad, en liberación, pero no lograba concretar todos esos términos que me llegaban a la mente en nada por escrito. Al final después de unos cuantos meses tuve que desistir de mi propósito y continuar el blog por otros derroteros para que esto no pareciese un cementerio. El caso es que por fin después del 15 de mayo he llegado a una base real y Amarilla, y es curioso que contenga todos esos conceptos abstractos que el color me sugería meses atrás pero que hasta ahora no pudieron cristalizar.

Evidentemente estoy hablando de la Puerta del Sol y su acampada, y su movimiento, y sus reuniones. Pero voy a disuadir a los más críticos rápidamente de una cosa: no quiero ser utópica ni idealista, no quiero pensar en perfección o en cambiar el mundo… sólo quiero abarcar la escala humana, una escala con todas sus imperfecciones y errores propios pero que estos días me ha dejado con una sonrisa beatífica en un rostro poco acostumbrado a sonreír por cualquier cosa que tenga que ver con la sociedad en la que nos toca vivir.

Me gusta llegar a esa plaza y ver que la gente todavía sabe reaccionar y salir de casa. Me gusta escuchar hablar de política, economía, cultura y sociedad en todos los rincones, incluso aunque lo que escuche no tenga mi acuerdo. Me gusta ver a las personas sentadas discutiendo sus ideas, pensando, opinando en lugares donde hasta entonces sólo se veían prisas y malas caras; me gusta que esas personas sean de mi edad porque contradice por fin a quienes hablaban de una juventud pasota y comodona, pero también me gusta, incluso más, encontrarme con personas mayores que lo apoyan y que hablan desde la voz de su experiencia, y me emociono especialmente cuando se trata de quienes lucharon en tiempos más difíciles que los nuestros.

Me gusta ver que sobran voluntarios para cualquier cosa que se necesite, aunque me frustre no poder participar todo lo que quisiera. Me impresiona ver llegar a gente ofreciendo papel, alimentos, bombillas, ordenadores incluso, cualquier cosa que se remunere únicamente con ideas y humanidad. Por fin el término humanidad se tiñe de positivo, aunque solo sea por un momento.

Seguro que esto no dura para siempre. Volverán las prisas, la desconfianza y el distanciamiento a las calles, pero es imposible que se me borre de la retina lo que fue un día Amarillo.

Ahora me voy a dormir, pero el sueño ocurre cuando estoy despierta, por primera vez. Gracias, Sol.

 
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Publicado por en 22 mayo, 2011 en Colores, Reflexiones

 

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Pasado… -Presente- …Futuro

– Es un sueño que tuve, ¿vale? Intentaba cerrar los ojos y volver la cabeza, pero dentro de la negrura de mis párpados veía historias tejidas con hilos de fantasmas. Me decían que tendría que haber hecho las cosas de distinta forma, que nunca cambio hasta que es demasiado tarde, y que incluso así, tampoco lo hago. Cuando me despertaba, los veía ahí, silenciosos y pálidos en el espejo, pero resulta que seguía en el sueño.

– Esos son tus fantasmas, y son tú mismo: huelen a ti y responden por tu nombre porque no existen… y es que dicen que el peor enemigo que se puede tener es uno mismo, y parece que una parte de ti está muy cabreada contigo.

– Entonces… ¿sigo en el sueño? Porque todavía están ahí.

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Abre los ojos. Intenta admirar el paisaje de la realidad. ¿Qué ha pasado en todo este tiempo que no estabas observando? ¿Han cambiado las cosas?

Todo parece igual, pero nadie te abre la puerta de las bambalinas de la realidad. Hay un inmenso teatro donde han colocado un charco artificial. Antes se iba a ver el océano y a asomarse a sus insondables profundidades; después, se conformaron con una piscina. Ahora tenemos un charco, y ni siquiera es real. Araño la superficie del tiempo que me toca vivir intentando encontrar algo más que dos centímetros de agua, pero sólo alcanzo a mojarme la punta de los dedos. Dispersión y superficialidad puesto que como todos saben, un charco no sirve para bañarse. Total, dejar que el agua penetre en tus ideas es perder el tiempo… mucho mejor hacer que todo te resbale. Incluso las gotas de agua.

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– Espera, joder, no veo bien… vale, ya está, creo que ya veo algo.

– No mires hacia el horizonte, porque allí lo que a todos nos espera es la muerte… y si tienes mucha imaginación la verás con todo lujo de detalles, e incluso al camino que te separa de ella.

– Que me separa o que me acerca, ¿no?

 
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Publicado por en 9 mayo, 2011 en Reflexiones

 

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