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Kyu

―¿Eso es todo?
―¿Cómo que “eso es todo”? ―dijo ella mientras manoseaba la consola de la nave. Su pelo ligeramente enmarañado le tapaba un ojo, pero el otro se mantenía clavado en su interlocutor con el ceño fruncido.
―¡La piloto de la Leviatán! Sonaba más imponente antes de verte salir por la escotilla. ¿Cuántos años tienes?
Un sonoro bufido fue la primera respuesta. La segunda tardó un poco más, hasta que el droide astromecánico de serie R2 dejó de dar vueltas alrededor de la nave y soltó un pitido de satisfacción.
―Los suficientes como para saber usar un blaster. Y una nave. ¿De verdad que imponente y mi YT-1500 son dos palabras que pueden ir juntas?
El mecánico rebelde la miró con incredulidad por un momento, intentando recordar que parecía tener quince años. Después no pudo menos que echarse a reír.
―En eso tienes razón. Deberías…
Una mano posándose sobre su hombro le cortó el discurso a tiempo. Era un chico alto y moreno, con el flequillo largo y los ojos claros y sonrientes. Iba vestido de piloto de caza pero tendría pocos años más que ella.
―Deberías seguir trabajando, no quiero morir porque se te haya olvidado revisar mi nave, ¿eh? Esa de allí.
Había sido poco sutil, pero resultó efectivo.
―¿Tú eres el de las bienvenidas amables? ―preguntó ella una vez que se quedaron solos, esbozando una amplia sonrisa en unos rasgos que parecían hechos para ser alegres.
―¡O eso o me he tomado en serio al wookiee que te acompaña!
―¡Deberías! Ese peluche se cree que soy su mascota. A nadie le gusta que toquen a su mascota.
Las carcajadas les acompañaron fuera del hangar casi sin darse cuenta de que estaban caminando juntos como viejos conocidos y solo se habían encontrado hace cinco minutos. La evidencia creció pocos pasos más allá.
―Oye, ¿cómo te llamas?
―Kyu. Bueno, viene de Kyura, pero suena demasiado formal así que no me gusta.
―Kyura ―repitió―. Yo soy Skale.
―¿Pero no te acabo de decir que no…?
―¿Tengo que invitarte a algo por las molestias?
La sonrisa era angelical, los ojos brillaron divertidos mientras ella arqueaba una ceja y metía las manos en unos de los muchos bolsillos de sus pantalones. Resultaba útil para guardar cantidades de cosas sin sentido aparente como dados, caramelos, una cuerda, un par de guijarros, e incluso a veces una pequeña rata de la que se había encariñado y que le había roído ya más de uno y más de dos pantalones.
―Es posible que te ganes un par de enemigos, pero no es mi problema ―respondió socarrona mientras se encogía de hombros, observando a lo lejos cómo el cathar y el wookiee se lanzaban una mirada interrogante a su respecto.
―Tengo que irme dentro de un rato a entrenar, no creo que les dé tiempo a cazarme. ―La pausa duró solo unos segundos― ¿Cómo acabaste siendo cazarrecompensas?
―Serlo me salvó una vez la vida… y las 154 veces siguientes la puso en peligro. Al final te encariñas con la tripulación y con el dinero que te pagan. Cuando mi hermano murió ellos pasaron a ser algo así como de la familia. Supongo que además, me lo paso bien.
―Suena razonable.
―Suena de todo menos razonable ―replicó ella con una sonrisa mientras se sentaba en la barra.

 
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Publicado por en 12 junio, 2012 en Mis Personajes

 

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Ixy

Todo empieza y acaba siempre en un espejo. Todos mis días me levanto o me acuesto mirando ese reflejo para recordar quién soy, o al menos para recordar quién los demás piensan que soy.

Ahora mismo me devuelven la mirada unos preciosos ojos violetas, que es posible que fuesen el motivo que me llevó a poseer ese cuerpo. Pero no sólo. Soy una chica joven… no mucho, no quiero dar la sensación de una novata en la agencia, pero lo suficiente como para tener una forma física perfecta, incluso diría que demasiado desarrollada.  Los brazos musculosos y el pelo negro y corto dan un aspecto de chicazo, aunque afortunadamente me procuré un rostro bonito y femenino que sirve su cometido. Sonrío para probarlo, y los dientes prístinos contrastan con la piel oscura. Mientras tanto me voy poniendo una camiseta sin mangas y pantalones cómodos, me ajusto el cinturón y poco a poco la sonrisa se borra de mi cara, eso me confiesa el espejo. A veces pienso que él sabe más de mí que yo mismo… sí, digo “yo mismo” porque tengo la manía de referirme a mí en masculino, y el germen de esa manía es lo que me ha borrado la sonrisa.

Explicado en más palabras, podría decirse que soy un instrumento de mi lugar de trabajo y a la vez funciono bien como motor. La gente se aparta cuando me ve por el pasillo y en sus ojos percibo miedo y respeto, y me hace gracia todo ese abanico de sentimientos que les provoca no saber exactamente de qué soy capaz.
Este de aquí prevé el futuro, aquel convierte su piel en roca y el otro hasta puede hacerse invisible. Todos captados rápidamente por la compañía después de una oferta de trabajo imposible de rechazar. ¿Pero yo? No muestro nada más que entrenamiento espartano y resistencia mental extrema, y a pesar de todo pueden oler que soy la hija adoptiva de este lugar y que me tratan como un arma nueva recién cargada, esa que apena sacarla del estuche porque necesitas limpiarla y mimarla bien para que vuelva a quedar como nueva.

Todavía recuerdo cuando vomité mi última identidad. Verle allí tirado en el suelo casi me dio pena, pero llevaba demasiados cambios como para sentirlo como si fuese mi propia muerte. No, yo ya era otra persona, o más bien un parásito metido dentro de la apariencia de otra persona, y además me gustaba el cambio. Ese es el problema, cuando te gusta tanto tu nuevo aspecto que después de un tiempo acabas por pensar que realmente eres tú, le coges cariño, y entonces tienes que dejar de serlo. Puede que sea eso lo que me pasa ahora, pero mientras ellos no lo sepan, podré seguir usando estos ojos violetas para tumbar la fuerza de voluntad de cualquiera, y mi cuerpo para correr kilómetros sin cansarme.

Por fin dejo de dar vueltas como un animal enjaulado y encierro mis pensamientos para poder encararme a los nuevos expedientes. Sí, estos son los chicos que me acompañan en la próxima misión, todos verdes y muchos caerán, pero es lo que tiene creerse Dios y ser sólamente su carne de cañón.

–Me llaman Ixy. Seré vuestra superior a partir de ahora, cualquier cosa que penséis o queráis decidir tendrá que pasar por mí primero, ¿entendido? Ahora vayamos al grano…

Y sonrío flexionando mis músculos. Empieza lo interesante.

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For me, everything always starts and ends on a mirror. Every day after waking up or before going to bed I look at that reflection to remember who I am, or at least who they think I am.

Right now a pair of beautiful purple eyes stares back at me, possibly the reason why I took this body. But not only. I am a young girl… not too much -I don’t want to give the impression of inexperience- but enough to have a perfect figure. Muscular arms, short and black hair which gives me a boyish look, and a pretty face… always a useful weapon. I smile to try it out, and the pristine teeth contrast with the dark skin. Meanwhile, I get dressed with a simple top and some comfortable trousers, and the smile fades slowly away, or so the mirror says. Sometimes, I think it knows more about me than myself.

How could I explain it better…? Let’s say I am a tool in my workplace and I can be a good engine. People get out of my way when they see me crossing the hallway, and I perceive fear and respect. I find funny how many feelings can provoke in them not being too sure of what I am capable of. This one here can see the future, that one turns his skin into solid rock, and she becomes invisible. All of them quickly hired by the company. But me? I don’t show anything but strict training and an extreme mental resistance. Still, they can smell that I am like an adoptive daughter in this place, like a new loaded gun that you keep in a case so it won’t get dirty.

I still remember when I threw up my last identity. Seeing him there lying on the floor almost made me feel sorry, but I had experienced too many switches to feel it like my own death. No, I already was another person, or maybe a parasite inside somebody; and I liked the change.
That’s the problem, when you like your new appearance so much that after some time you start to think it’s really you, you get attached, and then you have to stop. Maybe that’s what happens to me now, but while they don’t know about it I will be able to use these lovely violet eyes and this trained body for my personal enjoyment.

I stop turning around like a caged animal and I lock up my thoughts to go through the new files. Yes, these are the boys that will accompany me in the next mission, all green and a lot will fall, but that’s what happens when you think you’re God and you’re only cannon fodder.

“My name is Ixy. I’ll be your supervisor from now on. Everything you think or do will have to pass my approval first, is that clear? Now let’s go straight to the point…”

And I flex my muscles, smiling. Now the interesting part begins.

 
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Publicado por en 5 julio, 2011 en Mis Personajes

 

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Lucie I

Con un revoloteo, el pájaro logró zafarse de sus perseguidores, al mismo tiempo que una piedrecilla rebotaba contra varias amontonadas y quedaba inerte, esperando su premio. Los chavales del campamento de refugiados habían dejado de jugar por un momento: la niña que pasaba junto a ellos siempre robaba su atención. Esta vez, al verla acompañada de alguien a quien no conocían, no se atrevieron a llevarle ningún regalo.

Se trataba de Bojan, un muchacho un poco mayor que ella, y que parecía intimidado delante de tanta gente en silencio repentino. Lucie ya estaba en la linde del bosque cuando éste de un par de zancadas, salió de su ensimismamiento y la alcanzó.

–¿Por qué se han quedado todos callados? –susurró frunciendo el ceño.
Lucie le miró con una sonrisa y Bojan notó que las rodillas le temblaban; le parecía la primera vez que veía tan de cerca aquellos ojos semitransparentes del color del agua fresca.
–Si quieres te cuento la historia, pero tienes que prometerme que no harás como ellos cuando la sepas.
Su carita se mostraba ahora seria, con esa seriedad tan digna que esgrimen los niños pequeños. Su mano exigió un pacto antes de invitarle a sentarse, y Bojan aceptó intrigado.

–Nací la noche de San Juan. ¿Sabes lo que se hace en la noche de San Juan?
El niño apenas si entendía francés pues su familia había llegado hacía pocas semanas desde el este de Europa, buscando cobijo en París. Bojan negó con la cabeza mientras hurgaba con un palo entre las hierbas, intentando distraer su atención de aquel cabello largo y dorado donde los rayos de sol tejían su tela.
–La gente celebra una fiesta muy antigua, una fiesta de nuestros antepasados–, pronunció ella con cuidado pues no estaba muy segura de que esa fuera la palabra. En todo caso, su compañero pareció impresionado–. En ella se queman cosas y el fuego sube hasta el cielo en grandes hogueras que dan luz como si fuese de día.
–Me gustaría verlo.
–Si tus padres se quedan hasta el verano, lo verás.
–¿Y qué pasó cuando naciste?
El chico era inteligente y sabía seguir el hilo, así que Lucie sonrió satisfecha.
–Hubo un gran incendio. El fuego quemó parte del campamento, y llegó hasta donde vivían mis padres. Murieron, por eso vivo con Ama.
–¿Y dónde estabas tú? –preguntó él desconcertado.
–Con ellos, claro. Todo se quemó, pero a mí no me pasó nada. Me encontraron a la mañana siguiente entre las cenizas.
Bojan dio un respingo y sus ojos se agrandaron.
–En mi tierra –respondió en voz baja– se dice que la gente como tú sabe hacer magia. Si sobrevivieron a un incendio, tienen el poder del fuego, si se salvaron de ahogarse, tienen el poder del agua…
La niña le miró fijamente sin decir nada durante un momento.
–Aquí dicen que soy un ángel, pero me gusta más eso de la magia. Ven, te voy a enseñar una cosa.
Los dos niños caminaron a hurtadillas hasta la tienda de la vieja Amavarati, la curandera ciega. Era esencial no hacer ruido para que no supiese que había alguien más allí aparte de su protegida. Lucie entonces, señaló en la penumbra:
In presentia luci, tenebrae extinguunt…*

Con un chisporroteo, una llama nació abrazando la mecha de las cansadas velas.

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* Vires.

 
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Publicado por en 28 junio, 2011 en Mis Personajes

 

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Kitsune

―Cinco llamadas perdidas tuyas, ¿qué coño quieres?

Intentar hablar por el móvil en una discoteca llena hasta la bandera es como comunicarse bajo el agua: totalmente inútil. Kitsune cruzó las piernas y pasó el dedo por el borde de la copa, negándose a mover su culo un centímetro del asiento contra la barra. “Que se joda, es mi noche libre”.

―… dice que… … ¿dónde… ?

La sala estaba llena de gargantas apetecibles que latían al ritmo de la música. Los bares de vampiros no podían mejorar aquel ambiente de descontrol y furia de vivir que se podía beber bien caliente. Pero su Sire era capaz de enfriarle la diversión y darle una paliza de regalo.

―¿No lo oyes? Pues eso, lo que sea tendrá que esperar a mañana.

―… … vamos… … … redada… …

―¡Que le jodan a la redada! ¡no contéis conmigo!

Y colgó. Había visto a un occidental entrar en el bar y le gustaban los cócteles exóticos.

* * *

―Baja, menuda, pelo negro y muy pija.

―Si todas las japonesas son iguales.

―Como la cagues ahí dentro te van a cortar los cojones. Nosotros esperamos aquí por si sale.

El tipo se ajustó el traje y ensayó su mejor sonrisa mientras bajaba las escaleras del antro.

Un ruido sordo y distorsionado le acompañó en el descenso hasta que abrió la puerta y recibió una bofetada de calor y testosterona.  Solo varias líneas de luz delimitaban las esquinas, el techo y el suelo, todo el resto del espacio se perdía en la oscuridad abarrotada de brazos y cuerpos retorciéndose. No obstante sabía que llamaba la atención lo suficiente.

Se abrió paso hasta la plataforma de la barra desde donde tendría una mejor visión del panorama. No necesitó llegar para localizar a su objetivo.

El vestido brillaba en tonos escarlata agarrándose provocativamente a todas las miradas, la piel de porcelana le daba un aspecto frágil y suave, los labios rojos como la sangre se curvaban en una mueca juguetona mientras sus pupilas contenían un brillo perverso. ¿Realmente era tan peligrosa? Con esos zapatos de tacón y el mini bolso en una mano parecía poder presentar la misma resistencia que una gata de peluche.

―¡Ey, tú, James!

Le estaba señalando con una uña increíblemente larga. Su aura empezó a derretir a todo el mundo alrededor, deformado en comparación con la nitidez de su figura.

―¿Eh?

De pronto se notó la mente embotada.

―No sé, ¿no os llamáis todos así en vuestro país?

* * *

Kitsune esbozó una sonrisa. Depredar se estaba volviendo cada vez más fácil últimamente.

―Sígueme.

Y ni corta ni perezosa se metió en el baño de hombres a ver si con suerte encadenaba cena y postre; pero allí no había nadie y el tipo se había quedado parado en la puerta.

―¿Me vas a follar o es que sólo sabes pajearte?

Y le atrajo hacia sí notando al instante algo duro contra su esternón. Algo iba mal, lo que era duro solía estar entre las piernas, no tan arriba. Miró hacia abajo y vio una pistola con el dedo en el gatillo. 1, 2, 3 segundos después… y seguía todo igual.

―¿Por qué mierdas no disparas?

Le agarró las manos y se pegó el tiro que llevaba su nombre. Después le lanzó una sonrisa salvaje.

―Ahora te toca a ti, gilipollas.

Su sangre se encendió en las venas transformando músculos en acero. De un puñetazo le destrozó la mandíbula. Cuando cayó al suelo, el tacón de aguja le reventó un ojo atravesándole el cráneo.

* * *

―Está tardando mucho ―gruñó uno mirándose la muñeca.

―Siempre he dicho que es un flojo.

―Lo era, pero vosotros tenéis la misma pinta.

El grupo se volvió hacia la que había hablado. Todos le sacaban dos cabezas, por lo menos, y todos presentaron su colección de acompañantes metálicas.

Kitsune lo vio todo a cámara lenta mientras les esquivaba y estrangulaba a uno por detrás. La Potencia le daba el placer de escuchar cómo le crujía la columna vertebral hasta astillarse. Lo que no se esperaba es que uno de ellos usase el mismo truco, precisamente el que llevaba un cuchillo de dos palmos.

―Lástima que vaya a afearte un poquito…

Y le hundió la hoja abriéndola de arriba abajo.

* * *

El cuerpo estaba tendido en el sofá con el vestido abierto ofreciendo lánguidamente a su dueña, pero lo único que recibió fue una patada.

―¿Por qué mis chiquillos son unos putos suicidas?

―Son Brujahrespondió irónicamente el otro― sabía que no te haría ni caso así que fui a salvarle el culo, pero no lo haré otra vez, tienes que mandarla fuera de aquí o acabará muerta, y por mucho que me vayas a decir que estaría mejor muerta…

―No, tienes razón.

―¿A Alemania entonces?

―Por mí como si se va a tomar por culo.

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“Five missed calls from you, what the HELL do you want?”

Trying to talk on the phone in a nightclub filled to the brim is like trying to communicate under water: completely useless. Kitsune crossed her legs and ran her finger along the edge of the glass, refusing to move her ass even one inch from the seat against the bar. “Fuck him, it’s my night off.”

“… Says that …… where…?”

The room was full of appetizing throats pulsing to the beat of the music. The vampire bars could not improve the atmosphere of chaos and fury of life that it’s drank hot. But his Sire was very capable of chilling all the fun and awarding her with an extra beating.

“Can you hear it? So, whatever it is will have to wait until tomorrow.”

“…… We ……… raid ……”

“Fuck your fucking raid! Do not count me in!”

And she hung up. A Westerner had just entered the bar and she had a thing for exotic cocktails.

* * *

“Short, thin, with black hair and very posh.”

“Aren’t all Japanese like that?”

“Look, if you screw it up in there they will cut off your balls. We will wait out here in case she tries to run away.”

The guy adjusted his suit and tested his best smile as he went down the stairs of the dive.

A distorted thud accompanied him on the descent until he opened the door and received a slap from heat and testosterone. Only several light lines delineated the corners, ceiling and floor, the rest of the space was lost in the dark, packed with arms and writhing bodies. But even then, he knew the bait was set.

He made his way to the platform where the bar would allow him to have a better view of the place. He didn’t need to reach it to identify who he was looking for.

The dress shone provocatively, clinging on to all eyes with a deep scarlet tone; her porcelain skin made her look weak and soft, the bloody red lips curved in a playful grin as her eyes contained a wicked gleam. Was her really so dangerous? With those heels and mini bag in one hand she seemed to have the same strength as a stuffed cat.

“Hey, you, James!”

She was pointing at him with an incredibly long fingernail. Her aura began to melt everyone around, and they looked deformed compared to the sharpness of her figure.

“Huh?”

He felt his mind suddenly dull.

“I don’t know, aren’t you all called the same in your country?”

* * *

Kitsune smiled. Preying was becoming increasingly easy lately.

“Follow me.”

And without any glimpse of shame she dragged him into the men’s toilets to see if she was lucky enough to get dinner and dessert at the same time; but no one was there and the guy had remained at the doorstep.

“Are you going to fuck me or you just know how to jerk off?”

The moment she pulled him towards her, she noticed something hard against her sternum. There was something wrong, that used to be in between their legs, not so far up. She looked down and saw a gun and his finger on the trigger. 1, 2, 3 seconds later… and still all the same.

“Why don’t you shoot, piece of shit?”

She grabbed his hands and pulled the trigger, receiving the bullet that was carrying her name. Then she raised a wild smile.

“Now it’s your turn, asshole.”

Her blood set fire in her veins making her muscles strong as steel. With a punch she shattered his jaw. When he fell to the floor, her high heel blew one of his eyes and pierced his skull.

* * *

“It is taking long” one of them grunted looking at his watch.

“I always said he is a dumbass.”

“He was, but you guys seem alike.”

The group turned around to see who had spoken. They were all two feet taller than her, and they all presented their collection of metallic companions.

Kitsune saw everything in a slow motion while dodging and strangling one from behind. Potency gave her the pleasure of hearing how his spine crunched until splinter. What was not expected was that one of them would use her same trick, precisely carrying a knife with a blade the size of both of her hands.

“Too bad I’ll make you ugly…”

And he plunged the blade opening her from top to bottom.

* * *

The body was lying on the sofa with her dress opened languidly as if offering her owner, but all she got was a kick.

“Why is my progeny so fucking suicidal?”

“They are Brujah,” ironically replied the other one, “I knew she would not listen so I went to save her ass, but I will not do it again, you have to send her out of here or she will end up dead, and as much as I go on to say she’d be better off dead…”

“No, you’re right.”

“To Germany, then?”

“She can go get lost for all I care.”

 
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Publicado por en 25 junio, 2011 en Mis Personajes

 

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